Sexo en vivo en Medellín

Posted on September 18, 2010

2


A la tarima de color blanco suben cuatro mujeres con cara de adolescentes. Cada una, a su manera, comienza a bailar sensualmente al ritmo de la música trance.

 El DJ de un bar del centro de Medellín invita a las cuatro muchachas a que se bajen de la tarima y le bailen a los asistentes. Ellas muy obedientes descienden y atrevidamente se montan encima de algunos clientes y se mueven de atrás hacia delante compulsivamente. Los hombres les colaboran para que ellas hagan su trabajo.

 El DJ anuncia que ese es el abre bocas para el show de sexo en vivo que iniciará a las 12:15 de la noche. Al escucharlo, la gente aplaude y lanza chiflidos.

 A las 12:20 de la madrugada son llamadas a la tarima Andrea y La Pantera. Al igual que en los demás shows, ellas comienzan a bailar de manera sensual. La Pantera ha llevado un bombombum y lo lame con la boca entre abierta mientras le lanza una mirada pícara a su público.

 En este momento, el DJ sube el tono de su voz y exhorta al público masculino a que se postule para subir a donde las mujeres. “Seis caballeros que se atrevan a hacer el amor con estas dos chicas”, dice. Muchos levantan la mano entusiasmados.

 Al escenario se hacen presentes dos hombres. La gente se emociona y aplaude. Ellos levantan las manos como si estuvieran celebrando un premio. Pero de pronto los dos, que parecen haberse arrepentido, se bajan del escenario ante la desilusión del DJ.

 Sin embargo, otros dos candidatos se ofrecen a cumplir con lo que la gente pide. Uno de ellos es un hombre extremadamente delgado con piercing en la ceja, que minutos antes había paseado sin camisa por el bar. Se sienta en una silla que hay en la tarima y se quita rápidamente la ropa. La Pantera le pide al hombre de la barra que le pase un condón. Andrea hace lo mismo.

 En este momento, las dos parejas están completamente desnudas en la tarima y comienzan con su trabajo. Él público se acerca para apreciar mejor la escena. Ya no le prestan atención a la película porno que se proyecta al fondo del bar.

 La gente grita :¡Fuerte!, ¡fuerte!, ¡fuerte! Ante la ovación, el hombre del pearceang levanta el brazo. Pero su desparpajo es inversamente proporcional a su pasividad en las maniobras sexuales. El DJ lo ridiculiza por su extrema flacura: ¡esas nalguitas parecen dos tostaditas! Luego le dice en tono más serio: ¡señor, sino es capaz, permita que se suba otro caballero!

 La Pantera se cansa de insistirle y le da una fuerte palmada en las ‘tostaditas’ para que se vaya y pueda subir otro. Entre tanto, Andrea y su compañero continúan en lo suyo.

 Al escenario se presenta un joven con cara de niño. La Pantera lo recibe emocionada. Pide otro condón y lo ayuda a desvestirse. El muchacho se sienta en la silla y ella comienza con su oficio. Pero hoy no es su día de suerte. El joven tampoco es lo que ella y el público esperaban. Entre chiflidos e improperios él debe abandonar su proyecto.

 Andrea ya ha terminado con el primer hombre y ha comenzado con el segundo. Es un caballero de aproximadamente 1.80 metros de estatura, que, a diferencia del flaco con  pearceang o del segundo de La Pantera, no sonríe, ni siquiera mira al público.

 Está concentrado en su tarea y su buena labor es reconocida por la gente que lo aplaude y lo anima a seguir. La Pantera, que está sola en la tarima, los observa. Después de diez minutos de acción, Andrea, que se nota rendida, deja a su amante en el piso y se para un instante.

 La Pantera no desaprovecha el vigor del hombre y se inclina a continuar con el trabajo que inició su compañera. El DJ grita: ¡Andrea, ayúdale a La Pantera! ¡Estamos trabajando!

 Ella no le presta atención. Toma las pocas prendas que tenía colgadas en un tubo de la tarima y se dedica a lo que también sabe hacer muy bien: pedir dinero por su espectáculo.

 —Va a colaborar— le dice a un joven con arete.

El muchacho la mira y con un gesto le dice que no.

—Estoy acostumbrada a dañar orejas— sentencia ella mientras se retira.

 Lugo va a donde otro que se porta indiferente ante su presencia y también le pide dinero. Ante la negativa de él, le dice: —tan lindo y tan tacaño

 La Pantera, entre tanto, demuestra porque le dicen La Pantera. Sus maniobras sorprenden hasta el más avezado en estas lides. Alguien del público comenta: ¡caramba, esta mujer lo vuelve a uno colada!

 De repente, interrumpe bruscamente su labor y se marcha sin despedirse del hombre que comprende que su faena ya ha finalizado.

 Algunos protestan porque el DJ había prometido que cada dama estaría con tres hombres. Sin embargo, él dice de manera contundente: ¡No más sexo por hoy!

 No más sexo por hoy viernes, pero mañana sábado, y todos los fines de semana, desde el jueves, estos espectáculos, vigilados por la Policía, y por personal de las permanencia de la Candelaria,  continuarán en este bar y en los demás del sector, todos ubicados en la calle Maracaibo y las carreras Junín y Palace.

About these ads
Posted in: Uncategorized